'Existe una manera de vivir a la que los Lakota llaman "Caminar en la Belleza." Se dice que uno Camina en la Belleza cuando tiene su Tierra (parte fisica) y su Cielo (parte espiritual) en Armonía.'

dissabte, 27 juliol de 2013

Preciosa plegaria Indigena


No te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy allí. No duermo ahí.
Soy como mil vientos soplando.
Soy como un diamante en la nieve brillando.
Soy la luz del sol sobre el grano dorado.
Soy la lluvia gentil del otoño esperado
cuando despiertas en la tranquila mañana.
Soy la bandada de pájaros que trina.
Soy también las estrellas que titilan,
mientras cae la noche en tu ventana.
Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando, No estoy allí. Yo no morí.


P.D: Dicen que esta plegaria es indigena, pero en realidad la autora de este bello poema es  
Mary Elizabeth frye, una ama de casa de Baltimore, escrito en 1932.
Aún asi que cada uno lo interprete a su manera...
Que más da si lo escribió una tribu nativa americana, o una ama de casa de Baltimore, yo lo encuentro precioso i hecho desde el alma, por eso lo quiero compartir con ustedes.

dimecres, 17 juliol de 2013

Indios Zuni

Los Zuni o Zuñi fueron la primera tribu pueblo que encontraron los exploradores españoles en el año 1539.
Cuando Fray Marcos llegó a Arizona llegó a la vista de Hawikuh, uno de los siete poblados Zuñi. A causa de la hostilidad de los habitantes se vio obligado a volver a México, donde publicó un relato de su viaje, describió el poblado como un pueblo construido con paredes de adobe que brillaba como el oro cuando recibían los rayos del sol del atardecer. En su informe al virrey español, los españoles enviaron una partida militar para hacerse cargo de la ciudad, y los zuni se refugiaron en una meseta inaccesible y construyeron una ciudad a unas treinta millas al sur de Gallup, en Nuevo México, que continua siendo el centro de la reserva de la tribu zuni, en la que unas 5.000 personas aún viven allí,llevan una vida sedentaria se dedican a la agricultura, y trabajan muy bien la plata y las turquesas. En la actualidad, son 9.000 personas que viven en la comunidad del Pueblo Federal Zuñi que son divididos en siete clanes. Cada clan tiene un color símbolo y un animal que representa la localidad o medio ambiente.
Los Hopi, los Zuni, los Yuma, los Tarahumara, los Pima, los Apaches y los Navajos, tenían lenguas y formas de vida muy diferentes, compartían una cosmovisión del mundo, una concepción religiosa y un ciclo mitológico similar. Por medio de los chamanes tribales, realizaban ceremonias para curar enfermedades y protegerse contra los malos espíritus. De entre todos estos grupos étnicos, los Hopis se destacaron por sus extraordinarias profecías.
 Según la tradición Hopi, los Katchinas (en idioma hopi, “sabios y respetados”) fueron los salvadores de su tribu. Estos personajes no eran considerados dioses, pero sí seres superiores y benefactores de su pueblo o comunidad. La tradición oral cuenta que, antiguamente, los Hopi estaban emplazados en un lugar remoto denominado Kasskara, que fue azotado por guerras y desastres naturales que casi llegaron a exterminar su raza.
Fueron salvados del cataclismo por los Katchinas, que vinieron desde las estrellas y recorrían el espacio en escudos voladores o pájaros que tronaban. Poseían aspecto humano caucásico, eran capaces de cortar gigantes bloques de piedra y también de transportarlos.
  PLEGARIA ZUÑI  
He enviado mis plegarias. 
Que nuestros hijos, ambos que han levantado sus amparos en el canto del desierto, puedan sus caminos recorrer sin peligro; Puedan los bosques y los matorrales extender sus ramas llenas de agua para escudar sus corazones; 
Puedan sus caminos recorrer sin peligro, puedan sus caminos todos ser llenos, que no puedan en parte llegarles alguna dificultad cuando hayan recorrido sólo un poco de camino.  
Puedan todos los muchachos chicos y las niñas pequeñas, y aquellos cuyos caminos están delante, Puedan ellos tener corazones poderosos, espíritus fuertes; Sobre caminos que conducen al lado del amanecer, que podáis llegar a viejos; Que vuestros caminos sean llenos; Que seáis benditos con vida.
Donde el camino de la vida de vuestro padre sol sale, puedan salir vuestros caminos.  
Que vuestros caminos sean cumplidos.
         EL ENIGMA DE LOS ZUNI:
Dentro de la mitología Zuni, una leyenda cuenta que el origen de la tribu, fue producto de una gran peregrinación por el océano pacífico, en búsqueda del verdadero centro del mundo, lugar estable y sin guerras. Este concepto de la peregrinación, explicaría el pequeño impacto cultural, al ser sobre una sociedad natal mucho más grande.
Las primeras décadas del siglo XIV, eran tiempos de catástrofes (terremotos, erupciones volcánicas, huracanes, etc.), y de agitaciones políticas en Japón, que podrían haber motivado a buscar lugares más seguros para la vida.
En esa época, varias sectas budistas estaban impacientes para extender su fe.  La combinación de estos factores, haría deseable el viaje a América de peregrinos y misioneros.
La lengua Zuni, no parece estar relacionada con las lenguas vecinas, ni parientes reconocidos en el mundo.
Ciertos rasgos estructurales del lenguaje son similares, por ejemplo, las sílabas son típicamente formadas por una consonante y una vocal, "ka", "ya", no común en las lenguas circundantes.
La lengua es con género diferenciado; hombres y mujeres usan vocabularios diferentes, dentro de la misma lengua.
Esto habría ocurrido porque las mujeres guardaron sus tradiciones nativas, añadiendo selectivamente palabras japonesas. Las nuevas migraciones, generalmente varones, a su lengua original japonesa, añadieron palabras indígenas.

dijous, 31 gener de 2013

Las Black Hills, no estan en venta:

LA NACION LAKOTA: En 1851 los Estados Unidos firmaron el primer tratado con las naciones Lakota (compuesta por las bandas Oglala, Brulé, Hunkpapa, Minneconjou, Sans Arc, Blackfoot, Two Kettles), 
Cheyenne, Arapaho, Crow y otras naciones indígenas de las llanuras centrales y del norte. 
De esta forma el Gobierno de los Estados Unidos reconocía soberana a la Nación Lakota y la reconocía propietaria de la tierra que en el tratado se contemplaba y que incluía casi todo lo que ahora conocemos como Dakota del Sur, Nebraska, buena parte de Dakota del Norte, Montana, Wyoming, Kansas y una pequeña porción de Colorado. De ésta forma, se reconocía oficialmente la soberanía de la Nación Lakota que, hoy en día, solo posee un 6% de este territorio.
No mucho más tarde y, como siempre, se descubre oro y plata en Virginia City, Montana. Ante este hecho se abre una ruta para la extracción motivada por la necesidad de dinero para financiar la guerra civil estadounidense (1861-1865). A principios de 1864 el Gobierno comienza la violación oficial del tratado al enviar tropas para construir una serie de fuertes para proteger el camino a cambio del territorio oeste de la Nación Lakota en lo que vino a llamarse la Ruta Bozeman. El pueblo lakota bajo la dirección política del líder oglala Nube Roja comienza a formar alianzas con cheyennes y arapahos y unen sus fuerzas militares en la lucha contra el avance blanco en el invierno de 1866-67. Durante los primeros meses de 1868 Estados Unidos sufre varias derrotas, y sus ejércitos se atrincheran en los fuertes, lo cual hace que pida un nuevo tratado. Esto condujo, durante el mismo año a la firma de un nuevo tratado, lo que supone que EE. UU. reconoce por segunda vez la soberanía territorial Lakota, estableciéndose esta vez la GRAN RESERVA SIOUX que ocupaba casi todo el territorio de lo que hoy conocemos como Dakota del Sur y grandes porciones de lo que hoy es Dakota del Norte, Nebraska, Wyoming y Montana. Además, el nuevo tratado obligaba a las tropas de EE.UU. a impedir que los no indígenas traspasaran las nuevas fronteras.


El sacerdote católico Jean de Sniet, se introdujo ilegalmente en territorio lakota y publicó en el periódico Sioux Falls Times de Dakota del Sur el descubrimiento de oro en las Black Hills. Esto hizo que el Gobierno armara las tropas de élite del 7º de Caballería del Coronel George Amstrong Custer y las enviara directamente al corazón de las Black Hills en misión exploradora, violando así los, tratados de 1851 y 1868. En 1874 Custer informa que él también ha encontrado oro en las Paha Sapa lo cual tuvo gran repercusión en los periódicos del este forzando de nuevo al Gobierno a enviar otra fuerza militar a las Black Hills (la expedición Jenny) durante el verano de 1875. La existencia de oro se confirmó para satisfacción de Washington que rápidamente envió una comisión negociadora para intentar comprar las Black Hills a los líderes lakotas. Cuando los lakotas rehusaron vender, como era su derecho, Washington respondió transfiriendo las relaciones con ellos a la Oficina de Asuntos Indios. Todos los lakotas. fueron llamados a congregarse en las agencias designadas. Pero a final de enero de 1876 el pueblo lakota decidió vivir en cualquier sitio dentro de la Gran Reserva Sioux. Así, fueron acusados de romper la paz y fueron considerados hostiles.
La mayoría de los lakotas nunca aceptaron el modo engañoso en que se produjo su colonización. Así que, en 1923 presentaron el primer recurso a la Corte, buscando la devolución de las tierras robadas y no la compensación monetaria que el Gobierno de EE.UU. había previsto para este caso. No sabiendo que hacer ante este inesperado giro que tomaban los acontecimientos, la Corte tuvo retenido el sumario durante 19 años. Finalmente, en 1942 quedó perfectamente claro que los lakotas no aceptarían el dinero en lugar de la tierra y la Corte se deshizo del problema diciendo que era un asunto moral y un asunto constitucional. En 1943, La Corte Suprema de EE.UU. rehusó igualmente revisar la reclamación a la decisión de la Corte. El litigio llegó a un punto muerto. Pero el 23 de agosto de 1946 la ley de la comisión de reclamaciones indias fue aprobada por el Congreso ansioso por lavarse la cara ante el trato otorgado a los indígenas por los gobiernos anteriores. Esta intención fue originada por la necesidad que los EE.UU. tenían de lavar su imagen frente a la inminente intención de juzgar a criminales de guerra nazis y japoneses. Los medios de comunicación forzaron a incluir entre las causas a juzgar el genocidio, los desplazamientos forzosos de población, la esclavitud y la perdida de tierras. En 1950 los lakotas vuelven a la carga y después de varios rechazos y una apelación en 1958, la Comisión de Reclamaciones Indias fue instada por la Corte de Reclamaciones a reabrir el caso. La Comisión fue forzada a estudiar el caso y después de un largo silencio, anunció que: habiéndolo estudiado, el mismo, quedaba reducido a tres elementos:
  • Qué tierras fueron adquiridas por los EE.UU. en las Black Hills hasta 1877.
  • Qué retribución había sido otorgada por EE.UU. en el cambio de tierras.
  • Si no hubo retribución: ¿se hizo algún tipo de pago?
Fue esto, probablemente (las limitadas concesiones obtenidas por los lakotas de las Cortes de EE.UU. durante los años 70), lo que hizo emerger al AMERICAN INDIAN MOVEMENT (AIM), y lo que incrementa fuertemente el apoyo desde las reservas de Pine Ridge y de Rosebud en los primeros años de los 70. La involucración del AIM, llamado por los tradicionalistas de Pine Ridge para ayudar contra la venta ilegal de una octava parte de la reserva (la zona denominada Sheep Mountain Cunnery Ranch) por parte del Gobierno Tribal, corrupto encabezado por Richard Wilson, al Servicio Forestal de EE.UU. acabó con una larga etapa de inhibición y absentismo en Tierra Indígena, que duraba desde 1890.La increíble virulencia con que respondió el Gobierno Federal a la «criminal arrogancia del AIM» condujo directamente al dramático asedio del caserío de Wounded Knee en 1973, lo que atrajo por primera vez la atención mundial sobre el asunto de la tierra de las Black Hills Como resultado del escrutinio de este tema comenzó a incrementarse el entendimiento de los vastos intereses que alberga la política federal sobre la región de las Black Hills. Esto incrementó el apoyo de no indios a las posiciones lakotas.
Acostumbrado a tener el control judicial sobre las cuestiones de las reclamaciones indias de tierras, el Gobierno se empeñó en una guerra de contrainsurgencia contra el AIM y sus simpatizantes tradicionalistas en Pine Ridge durante los años 1973 a 1976. Ya fue tarde para contener la presión externa sobre el sistema judicial americano. En 1974, los ancianos lakotas hicieron un Consejo en la reserva de Sandunga Rock y encomendaron al líder oglala del AIM Russell Means que creara el brazo diplomático del AIM, el International Indian Treaty Council (ITTC), que mantiene su presencia como organismo consultivo en la ONU no solo para el Pueblo Lakota sino también para todos los Pueblos Indígenas del Hemisferio Occidental. El hito lo logró, sobre la base del trabajo del primer director, el cherokee Jimmie Durham, cuando en 1977 delegaciones de 98 naciones indígenas hicieron sus presentaciones ante la comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza. En 1981 se constituye el Grupo de Trabajo Sobre Poblaciones Indígenas, entidad dedicada a la formalización de leyes internacionales concernientes a los derechos y estatus de las Naciones Indígenas. A finales de 1980 el grupo de trabajo había completado un estudio global de las condiciones bajo las cuales 105 pueblos indígenas eran forzados a vivir. Objetivamente, esto vino a formular la Declaración Universal de los Derechos Indígenas. El resultado de esta declaración fue la proclamación por parte de EE.UU. que «...los asuntos indios son un asunto meramente interno». Expuesto a la observación internacional, el Gobierno Federal quedó en apuros por las propias decisiones de sus tribunales de justicia.
Cuando los lakotas rehusaron aceptar el dinero ofrecido ante su reclamación de tierras en 1979-80, el AIM reforzó su posición popular bajo el eslogan «BLACK HILLS ARE NOT FOR SALE» (LAS BLACK HILLS NO ESTÁN EN VENTA). Esta situación fue acompañada de acciones directas extra legales cuando Russell Means inició en 1981 la ocupación de 880 acres cerca de Rápida City, en las Black Hills. Esto fue llamado el Primer Camino en la Reocupación Física de Paha Sapa. Esta ocupación volvió a llamar de nuevo la atención internacional sobre la reclamación lakota y precipitó la posibilidad de otra acción armada de las fuerzas federales a través de la declaración del juez federal de distrito quien instruyó ordenes para unir fuerzas del FBI y del Servicio de Marshalls de EE.UU. para tomar al asalto las posiciones de los ocupantes que estaban en lo que se llamaba Campo Trueno Amarillo. En 1986 el juez de distrito de EE.UU., Robert O'Brien decidió a favor del AIM el derecho del Pueblo Lakota sobre el lugar de Trueno Amarillo. Esto creó un precedente para otras reclamaciones de tierras en EE.UU.. O'Brien fue severamente reprimido por la Corte Suprema y, fue destituido por la Sala Octava. Los esfuerzos legales y extra legales de los lakota y del AIM finalmente han creado un contexto a través del cual se puede lograr una solución. 

La larga lucha de los lakotas por recuperar su tierra y su integridad como nación sigue avanzando.
El precedente legal sentado por los lakotas da pie a múltiples reclamaciones de tierra, siendo ya hora de que EE.UU. comience a reconocer y a reparar los daños ocasionados en la larga y fea historia de la colonización y genocidio de los indígenas norteamericanos.
Si los tribunales no reconocen esto, querrá decir que EE.UU. sigue con su política de destrucción de las sociedades indígenas y que este hecho lo consideran simplemente un costo accidental a su filosofía de «hacer negocios». Si esto sucede, los lakotas no tendrán una opción real de continuar su lucha para sobrevivir y será una indicación de que el futuro puede ser peor que el pasado.

divendres, 7 desembre de 2012

La nación Lakota:

"Existe una manera de vivir a la que los Lakota llaman "Caminar en la Belleza." Se dice que uno Camina en la Belleza cuando tiene su Tierra (parte fisica) y su Cielo (parte espiritual) en Armonía."


Sobre la Espiritualidad
El culto al Gran Misterio era silencioso, solitario, libre de cualquier búsqueda egoísta. Era silencioso porque toda palabra necesariamente es débil e imperfecta; por lo tanto, las almas de sus ancestros ascendían hacia dios en una adoración sin palabras. Era solitario porque creían que él está más cerca de nosotros en la soledad, y no había sacerdotes autorizados para intervenir. Nadie podía confesar de manera alguna en la experiencia religiosa de otro. Esta fe no podía ser concebida en credos ni forzada en quien no estuviese dispuesto a recibirla. En consecuencia, no había problemas religiosos. Tampoco usaban templos ni santuarios, lo consideraban sacrilegio.

 La Naturaleza
Desde su punto de vista, el Sol y la Tierra fueron los padres de toda la vida orgánica. Del Sol, como padre universal, procede el principio dador de vida en la naturaleza, y en el vientre paciente y fructífero de nuestra madre, la Tierra, se esconden los embriones de plantas y hombres. Los elementos y las fuerzas majestuosas de la naturaleza eran vistos con asombro como poderes espirituales, cada criatura posee un alma en algún grado, aunque no necesariamente un alma consciente de sí misma. Al Lakota le encantaba simpatizar y experimentar una comunión espiritual con sus hermanos del reino animal, cuyas almas mudas tenían algo de la pureza impecable. Tenía fe en los instintos de los animales, como en una sabiduría misteriosa dada desde lo alto. Y aunque aceptaba humildemente el sacrificio supuestamente voluntario de sus cuerpos para preservar el propio, rendía homenaje a sus espíritus mediante rezos y ofrendas prescritas. Cada acto de su vida es, en un sentido muy real. Su respeto por la parte inmortal del animal, su hermano, a menudo lo lleva a colocar el cuerpo de su presa ceremoniosamente en la tierra y decorar la cabeza con pintura simbólica o plumas. Entonces se pone de pie en actitud de oración, sosteniendo en alto la pipa llena, como muestra de haber liberado con honor el espíritu de su hermano, cuyo cuerpo su necesidad lo llevó a tomar para sustentar su propia vida.

Sobre Muerte y Reencarnación
La actitud del Lakota hacia la muerte, prueba y trasfondo de la vida, es enteramente compatible con su carácter y filosofía. La muerte no guarda terror para él; la encara con sencillez y perfecta calma, buscando sólo un fin honorable como su último regalo para su familia y sus descendientes. Por ende corteja la muerte en la batalla. Por otro lado, consideraría una desgracia ser asesinado en una disputa privada. Si uno está muriendo en casa, es costumbre llevar su cama al exterior conforme se acerca el fin, para que su espíritu pueda marcharse bajo el cielo abierto. Muchos Lakotas creían que uno podía nacer más de una vez, y había algunos que afirmaban tener pleno conocimiento de una encarnación pasada. También había quienes sostenían dialogos con algún espíritu gemelo nacido en otra tribu o raza.

El Silencio
El Lakota cree profundamente en el silencio, señal de un equilibrio perfecto. El silencio es el balance o equilibrio absoluto de cuerpo, mente y espíritu. El hombre que mantiene su individualidad siempre calmada y firme ante las tormentas de la existencia tiene la actitud y conducta de vida ideal en la mente del sabio. El autocontrol, la verdadera valentía, la paciencia, la dignidad...

Sobre la Civilización
Para el sabio Lakota, la concentración de población era la prolífica madre de todos los males, tanto morales como físicos. Argumentaba que el alimento es bueno, mientras que el exceso mata; que el amor es bueno, pero la lujuria destruye; y no menos temida que la pestilencia que se deriva de las moradas abarrotadas e insalubres, era la pérdida de poder espiritual inseparable del contacto demasiado estrecho con el prójimo. Cualquiera que haya vivido mucho al aire libre sabe que hay una fuerza magnética y sensible que se acumula en la soledad y que se disipa rápidamente con la vida en multitud; e incluso sus enemigos han reconocido el hecho de que, en cierto poder y aplomo innato, totalmente independiente de las circunstancias, el Lakota Americano no ha sido superado entre los hombres.

Sobre los Nombres
Los nombres Lakotas o bien eran apodos característicos otorgados en actitud juguetona, nombres de hazañas o nombres de nacimiento, o bien tenían significado religioso y simbólico. Se ha dicho que cuando nace un niño, algún accidente o aspecto inusual determina su nombre. Esto es a veces el caso, pero no es la regla. Un hombre de carácter vigoroso, con buenos antecedentes de guerra, por lo general lleva el nombre del búfalo o del oso, del relámpago o de alguna fuerza natural temida. Otro de naturaleza más pacífica tendría un nombre de la parte menos salvaje de la naturaleza. El nombre de una mujer por lo general sugería algo en relación al hogar, a menudo con el adjetivo guapa, una terminación femenina. Los nombres de cualquier dignidad o importancia deben ser conferidos por los ancianos, y especialmente si tienen significado espiritual, tales nombres a veces eran portados por tres generaciones, pero cada individuo debía probar que lo merecía.

Sobre la Valentía
Ni siquiera los peores enemigos del Lakota (el hombre blanco) han negado su valentía, aunque en sus mentes se trate de una valentía ignorante, brutal y fantástica. Su propia concepción de bravura la convierte en una virtud altamente moral, pues para él no consiste en fuerza agresiva sino en autocontrol absoluto. Alguien verdaderamente valiente no se rinde ante el miedo, el enojo, el deseo o la agonía; él es amo de sí mismo en todo momento; su valentía se eleva al verdadero heroísmo.
Sobre las Normas Morales
Con la ayuda de la misma amada Naturaleza, enseñaban cosas simples pero de gran importancia. Se vivía la vida natural, mientras que ahora es artificial. Se vivia entre la naturaleza, mientras que hoy en dia a todo se le pone precio.


"Abuelo, Gran Espíritu... Tú has establecido que los poderes de los cuatro cuartos de la tierra se entrecrucen. Me has hecho andar por el buen camino y por el camino difícil, y el lugar donde ambos se cruzan es sagrado. Un día tras otro, para siempre jamás, eres la vida de las cosas.

Alce Negro, (Sioux-Oglala)



 Fuente: Flautas de amor.



divendres, 7 setembre de 2012

Mujer Lakota: Del Nacimiento a la vejez (Parte1)

ANTES DEL NACIMIENTO
Las creencias lakota indican que una parte del espíritu de la persona, llamada «tun», vive eternamente y vuelve periódicamente para encarnarse en un recién nacido. Sin el «tun» el bebé no podría vivir. Como el «tun» viene de otra parte, cuando nace el niño la gente dice: «hoksicala wan icimani hi» (un bebé viajero ha llegado).
EL REGRESO DE «TUN»: EL NACIMIENTO
Todos los niños, especialmente durante su primer año de vida, son considerados «wakan» (sagrados). Los Lakota creen que durante ese período es imprescindible tratar a los niños de forma conveniente.
En el momento del nacimiento, la comadrona -a menudo la abuela o una tía de la madre- corta el cordón umbilical con un cuchillo afilado y limpia la boca del bebé. También prepara la placenta envolviéndola en un trozo de piel de ciervo y colocándola en lo alto de un árbol para que los animales no puedan encontrarla y no ejerzan ninguna influencia nefasta sobre el recién nacido. Los abuelos hacen un saquito de piel con la forma del lagarto de las arenas (animal altamente considerado por su longevidad) al que llaman «t'elanunwe» (el que parece que va a morir y revive) donde ponen el cordón umbilical.
«WINCIKALA», LA INFANCIA
Más tarde el «t'elanunwe» se coloca en la cuna y después en una de las trenzas de la niña. Creen que si el cordón se tira o no está suficientemente a la vista el niño será demasiado curioso. Así que, muchas veces, cuando el niño es demasiado curioso, los adultos le preguntan : «Cepka, oyale he?» (¿Buscas tu cordón umbilical?).
Chicas y chicos reciben un nombre que puede referirse a un hecho natural destacado, a un pariente, a un miembro destacado de la tribu ya muerto o a un hecho histórico que el «tiyospaye» (familia extensa) juzgue importante. También reciben un nombre ritual que es utilizado por el «Tyapaha» (anunciador) en el transcurso de ceremonias especiales como la Danza de la Victoria.
Al primer nacido se le llama «witokapa» si es niña y «wikatikapa» si es niño. Al último que nace se nombra «hakela» o «hakokta» según sea niño o niña.
Los nombres femeninos se distinguen de los masculinos por un sufijo. Así, por ejemplo, el nombre masculino «Mahpiya Ska» (Nube Blanca) se convierte en el femenino «Mahpiya Ska Win».
El aprendizaje a través de juegos y de leyendas
La niña jugaba con muñecas y tipis en miniatura. Cuando era suficientemente grande para montar a caballo (a los tres o cuatro años), se le daban accesorios de mujer parecidos a los de su madre: una funda de cuchillo, una caja de leznas y un raspador (herramienta para curtir pieles).
Una chica podía jugar tanto con los chicos como con las otras chicas, pero sólo entre ellas podían jugar al «Skatapi cik'ala» en el que imitaban las actividades de las mujeres -llevando muñecas a la espalda, estacas de tipi, caballos de madera, levantando tipis, cocinando o dando de comer a los niños, etc.-. A través de estos juegos los niños aprendían la cultura de la tribu y el comportamiento que debían adoptar con respecto a los otros miembros de la comunidad.
Los juegos no son simples actividades de esparcimiento. Muchos tienen un contenido ritual como el «tapa wankayeyapi», que se desarrolla como un juego, pero que, de hecho, es una lección ritual. Los niños, desde muy pequeños, tenían ocasión de ver y seguir el desarrollo de las grandes ceremonias. Se les enseñaba a tratar la pipa sagrada con respeto, a no manipularla en contra del sentido común y a extraerla de su funda con cuidado.
Al anochecer, alrededor del fuego, las niñas y los niños escuchaban con impaciencia a los contadores de historias que narraban las «ohunkakan» (historias para reír) y las «wikowokaye» (leyendas). Las «ohunkakan» tenían como función enseñar las buenas maneras y las conveniencias del comportamiento social indicando además aquello que se debía evitar. Tenían a menudo como protagonistas a personajes mitológicos como «lktomi» (la araña), héroe en la cultura lakota. Las «wikowokaye» relataban hechos importantes de la historia lakota, normalmente relacionados con el mundo espiritual. A través de ellas, los lakota podían enseñar el pasado e incorporar los acontecimientos vividos al presente.
Conforme las niñas iban creciendo, madres y abuelas se mostraban vigilantes, ya que pronto la infancia acabaría y llegaría para ellas el momento de «tankake» (convertirse en mujer) que sería anunciado a todo el «Tiyospaye».

«WIKOSKALAKA», LA ADOLESCENCIA
La maduración fisiológica de las chicas lakota implica además cambios en su status social y ritual. La transición de la infancia a la adolescencia en la vida de una mujer está decididamente marcada, mientras que pasa casi inadvertida en la vida de un hombre.
Cuando llegaba el primer ciclo menstrual, la chica era conducida a un tipi nuevo, más allá del círculo del campamento. Una mujer de su familia o elegida por su reputación irreprochable, cuidaba de que no faltara nada y la educaba en sus nuevas obligaciones como mujer y futura madre.
Los lakota creen que las influencias que rodean a una joven mujer en sus primeras reglas son determinantes para su futuro. Los primeros paquetes menstruales eran cosidos en suave piel de ciervo y guardados con cuidado.
El periodo menstrual estaba acompañado de una serie de prohibiciones que impedían a la adolescente cocinar, tocar la comida, estar cerca de los hombres o de sus armas y manipular la pipa sagrada y las hierbas medicinales.
Lo mismo que un chico podía buscar su visión en cuanto su voz comenzaba a cambiar, la mujer podía hacerlo envolviendo su primer flujo menstrual y colocándolo en un árbol.
Cuando llegaba a la edad adulta, los padres realizaban un rito importante: «Isnati awicalowanpi» (ellos cantan sobre sus primeras reglas) durante el que se invocaba al Espíritu del Bisonte Blanco intentando asegurar a la iniciada las principales virtudes de una mujer lakota: castidad, fecundidad, amor al trabajo y hospitalidad.
Las mujeres aprendían las virtudes de la Mujer Bisonte Blanco. Para protegerlas de los hombres impúdicos que recorrían el campamento por la noche y se arrastraban bajo los tipis para acostarse con las jóvenes, las madres abrochaban a sus hijas púberes unos cinturones de castidad en cuero crudo. La virginidad estaba además garantizada por el hecho de que las jóvenes estaban permanentemente acompañadas de una «carabina», normalmente la abuela.
A esta edad, la joven se concentraba en actividades de mujeres como la cocina, el curtido y la unión de pieles de bisonte para la confección de tipis. Pero, además, tenía una serie de funciones establecidas por los Siete Ritos Sagrados revelados por la Mujer Bisonte Blanco. Uno de los más importantes consistía en participar, en tanto que mujer virgen, en la Danza del Sol. Durante este rito, cuatro vírgenes daban los cuatro hachazos que derribaban el árbol alrededor del cual el resto de los participantes danzaban. A cada una de las vírgenes correspondía una dirección y golpeaban con el hacha siguiendo el orden siguiente: Oeste, Norte, Este y Sur.
Las mujeres jóvenes eran muy preciadas en el seno de las sociedades guerreras. Ellas tenían sus propias sociedades de mujeres, como, por ejemplo, la «Wipata Okolakiciye», hermandad en la que las miembros aprendían las técnicas del bordado con púas de puercoespín según las instrucciones visionarias emanadas de Anukite (la Mujer Doble, también llamada Mujer Ciervo). Otra sociedad importante era la formada por las mujeres expertas en el curtido de pieles que se reunían para fabricar los tipis en grupo. «Trepad a la cima de una colina y buscad una mujer del otro lado».
Antes del cortejo, hombres y mujeres eran instruidos en lo relativo a la mejor elección del cónyuge, preferiblemente de otro «Tiyospaye». Los ancianos reunían a los niños y les aconsejaban: «Chicos, no busquéis una mujer en la esquina de vuestra morada» («Takoja, tiokahmi etan tawikutun sni po»).
Se enseñaban cuidadosamente las relaciones de parentesco para que ellas y ellos supieran bien quien era o no elegible en previsión de un matrimonio. Los hombres adultos solían decir a los jóvenes: «Trepad a la cima de una colina y buscad una mujer del otro lado».
Aunque la vigilancia sobre las mujeres jóvenes era estricta, había ocasiones durante las que podían librarse de las mujeres adultas y encontrarse con el chico que les gustara. El mejor momento tenía lugar al ir a buscar agua al río. La chica podía tomar un camino que no se viera desde el campamento y el chico la esperaba y le tiraba del vestido o le arrojaba pequeños guijarros. Si ella quería responder a sus atenciones, podía retrasarse un poco y hablarle. Si no, ella seguía en sus faenas como si nada pasase.
Pero el procedimiento habitual para una joven era esperar fuera de su tipi al caer el sol, charlando con una pariente o amiga de su edad. Ellos, impacientes (y podían ser muchos), avanzaban lentamente formando una fila delante de ella. En ese momento, la acompañante se alejaba, dejándola hablar con cada uno de sus pretendientes. Claro que los parientes mayores estaban dentro del tipi de tal manera que podían observar a cada uno de los chicos que se aproximaban. Cada uno esperaba su turno y cuando llegaban junto a ella, la tomaban en sus brazos y le ponían sobre los hombros la manta de cortejo. Esta práctica recibe el nombre de «sina aopemni inajinpi» (de pié con la manta). Cada uno le contaba sus hazañas guerreras o su habilidad en la caza. La elección de ella se fundaba en los actos del joven que eran escrupulosamente evaluados por la familia de ella. Pero en el éxito de las conversaciones intervenían otros factores. La mayor parte de los pretendientes venían armados con la Medicina del Alce que tenía la reputación de poner a la joven bajo el encanto de su propietario. Más tarde, durante la noche, se podía oir el sonido de las «siyotanka» (flautas de amor) tocando suaves melodías. A menudo, la mujer podía reconocer al flautista por su música.
En el momento de la elección reinaba en el campamento una gran excitación. Normalmente los padres consentían el matrimonio, pero había casos en los que el matrimonio era arreglado por los padres sin la opinión de los jóvenes. En estos casos los verdaderos enamorados emprendían la fuga y se refugiaban en otra banda lakota.
El matrimonio aportaría nuevas responsabilidades y una infinidad de nuevos parientes. Era, por tanto, muy importante aprender correctamente los términos de parentesco. En lakota, la palabra que designaba matrimonio era «okiciyuce» (unirse) y las formalidades acostumbradas consistían en gran parte en una serie de intercambios de regalos entre los familiares de los jóvenes esposos.
Las madres decían: «Cuando una hija se casa, desaparece para siempre, pero cuando un hijo se casa, recibes una nueva hija». La ceremonia de matrimonio implicaba esencialmente un cambio de residencia para la esposa que debía unirse al hogar familiar de su marido. Podía pasar mucho tiempo antes de que la banda de su marido y la de su padre se encontraran.

dijous, 6 setembre de 2012

Mujer Lakota: Del nacimiento a la vejez (parte 2)

«WINYAN», LA MUJER ADULTA
En el transcurso de una ceremonia destacada, la mujer era introducida en la banda de caza de su marido. Para empezar, la familia de él repartía regalos entre los familiares de ella. Los regalos consistían fundamentalmente en caballos,mantas y otros objetos de valor. Una vez intercambiados los regalos, llegaba el momento de] «wiwh'a hunka» (adopción de la mujer) durante el que la nueva familia levantaba un tipi a la nuera y le preparaba el ajuar. La abuela, la madre y las hermanas del marido vestían a la joven esposa con un vestido de ante (confeccionado por la suegra), le pintaban de rojo la raya del pelo y preparaban una gran comida para todo el mundo.
Casada, propietaria
La mujer poseía sus propios caballos, silla de montar, mantas, utensilios de cocina y vestidos. Poseía todo menos el material de caza y de combate de su marido.
Un hombre nacido en una familia próspera podía tomar más de una esposa (normalmente dos o tres y generalmente hermanas). Pero debía disponer de medios sustanciales para que cada una de sus mujeres (con sus propios hijos) tuviera un tipi sólo para ella.
El reparto de las tareas
En la sociedad lakota, la división del trabajo atribuía a los hombres la tarea de la caza y la seguridad y a las mujeres, los trabajos caseros y los niños. Sin embargo esta división no era absoluta y cada uno podía participar libremente en las tareas del otro. Si el marido estaba en el hogar durante muchos días, hacía lo que podía para aligerar el trabajo de la esposa. Cortaba madera, fabricaba o reparaba sillas, cortaba la carne en finas lonchas para su secado y entretenía a los niños.
Hombres y mujeres debían ser atentos el uno para con el otro. Así, cada mañana, como muestra de respeto, el hombre cepillaba y trenzaba el cabello de su mujer y le pintaba las mejillas de rojo.
Aunque la fidelidad era muy valorada en el matrimonio, a veces, una mujer emprendía la huida con otro hombre. A este acto se le llamaba «wiinahme» (esconder una mujer), es decir, seducirla o huir con ella. La pareja de amantes debía entonces buscar refugio en otra banda, ya que el marido engañado tenía la prerrogativa de reunir a los hombres de su familia para acorralar al culpable y eventualmente darle muerte. En cuanto a la mujer, o era azotada o se le cortaba la nariz o la oreja como marca de su adulterio.
En caso de divorcio, prevalecían principios igualitarios: si un hombre deseaba separarse de su esposa, lo podía anunciar públicamente en el curso de una comida, danza o ceremonia. El acto se llamaba «wiihpeya» (repudiar a su mujer). En un momento determinado, el hombre que quería divorciarse se aproximaba al tambor, lo tocaba con una baqueta que después arrojaba por encima de los hombros. El acto era entonces incontestable. Si una mujer quería divorciarse, ella podía «wicayaihpeyapi» (repudiar al hombre). Ya que ella era la poseedora del tipi, simplemente embalaba todos los objetos de su marido cuando él estaba ausente y los dejaba fuera de la tienda. Cuando el hombre volvía, no tenía otra elección que coger sus cosas y marcharse.
Después de haber dado a luz a su primer hijo, la mujer se consagraba a las tareas domésticas y a criar a los niños. En una familia lakota, el número ideal de miembros era de cinco o seis, aunque a veces eran menos, ya que cada hijo era amamantado durante dos o incluso cuatro años. La madre dejaba de amamantar cuando ya no podía soportar las mordeduras en sus pechos. Es cierto que las mujeres amerindias eran fuertes y resistentes, gestando y amamantando con menos dificultades que otras.
Aunque estuvieran permanentemente ocupadas en proveer las necesidades familiares, su existencia no era laboriosa a ultranza, ni mucho menos miserable.
Cuando llegaba el momento de levantar el campamento, la mujer empaquetaba el tipi, el material de acostarse, los vestidos, la comida y los utensilios de cocina para llevarlos sobre las parihuelas.
Desde el momento en el que el clan viajaba, los hombres precedían a las mujeres,los niños y los ancianos, de tal manera que en caso de peligro, animal o humano, ellos fueran los primeros expuestos y así proteger a su comitiva.
Una rica alimentación
La base alimenticia de los lakota era la carne de bisonte, de alce y de ciervo, acompañada de frutas y verduras silvestres. Se añadía también a la dieta la caza menor: antílope, ratón almizclero, perros salvajes, mapaches, puercoespines, mofetas, lobeznos, zorrillos, castores, conejos, patos salvajes, urogallos, etc. Las mujeres recogían cerezas, grosellas, ciruelas, nabos y otras frutas y verduras.
Eran las mujeres quienes preparaban los alimentos. También acompañaban a sus maridos y hermanos en la caza del bisonte para ayudarles en el descuartizamiento y trinchado de la carne para su transporte hasta el campamento. Además curtían las pieles y confeccionaban todo lo que de ellas se puede obtener.
Bastante más que un ama de casa
Igual que para los hombres, el combate jugaba un papel importante en la vida de las mujeres lakota que generalmente pertenecían a sociedades guerreras. Un cierto número de danzas eran dirigidas por las mujeres en honor a los hombres. Así, por ejemplo en la «Iwakicipi» (Danza de la Victoria), ellas llevaban las armas y los tocados de sus esposos y hermanos. Además existían sociedades guerreras compuestas por mujeres cuyos parientes masculinos habían realizado actos de bravura.
Proveedora de medicina de combate
Las mujeres tenían también sus propias sociedades-medicina y, entre ellas, una, la «Wakan Okolakiciye», agrupaba a las mujeres que tenían el Sueño del Alce, del Bisonte o del Caballo». La función principal de esta sociedad era proporcionar una «medicina de combate».

Mujer Lakota: Del nacimiento a la vejez (Parte 3)

«WINUNHCALA», LA MUJER ANCIANA
Las mujeres de edad y particularmente las que ya habían llegado a la menopausia, eran respetadas por su sabiduría, su prudencia y su poder. Las ancianas asumían la mayor parte de la vigilancia y la educación de las pequeñas y eran casi más importantes que las propias madres. Además de la enseñanza de las técnicas como la cocina, la costura, el bordado y el curtido, las mujeres mayores aconsejaban a las jóvenes en lo relativo a sus responsabilidades morales y espirituales. Bajo las alas de sus parientes mayores, los niños lakota descubrían el mundo que les rodeaba, a menudo analizado y explicado en un lenguaje críptico de ancianos.
Los ancianos enseñaban los dictados y creencias propias de la sociedad lakota. De las abuelas recibían conocimiento y sabiduría y,como había prometido la Mujer Bisonte Blanco, eran las mujeres quienes aseguraban la pervivencia de los valores lakota. Las ancianas debían ser las más sabias, hasta el punto de llegar a ser «Wikahunka» (mujer antepasada), y estaban en todos los ritos relativos a la muerte. Se creía que la muerte inminente era anunciada por algunos signos que sólo algunas mujeres podían percibir, interpretar y explicar. Cuando moría un guerrero, su cuerpo debía recibir cuidados específicos (pintura facial roja, plumas de águila en el pelo, etc.) y estos cuidados eran prodigados por las mujeres ancianas. De hecho, toda la preparación del cadáver y los funerales incumbían a la familia del difunto.
A menudo, las mujeres se hacían cortes en los brazos y en las piernas con un cuchillo de silex cuando moría un pariente próximo. Hombres y mujeres se cortaban el pelo, pudiendo incluso amputarse la oreja en señal de duelo. La madre se quedaba cerca del cadáver durante cuatro noches y volvía a su tipi cada mañana.
«Wapiye winyan» la mujer curandera:
Cuando una mujer llegaba a la menopausia, recibía frecuentemente, por intermediación de los hombres medicina o de visiones, el poder de investirse en determinados ritos. Se la veía entonces particularmente apta para curar con ayuda de las plantas. Se la llamaba «wapiye winyan» (mujer curandera). Las que tenían poderes de brujería eran conocidas como «wihmunga». Pocas mujeres la practicaban, pero todas las mujeres sagradas, como los hombres medicina, sabían que la adquisición de «poderes» significaba que debían ser extremadamente prudentes durante el resto de su vida. El mal uso del poder sagrado podía atraer una «represalia de los Espíritus», que tomaría la vida de un ser querido.
Las mujeres ancianas participaban también en la Danza del Sol y en otras ceremonias importantes en tanto que pudieran físicamente. Justo al final de su vida una mujer era particularmente apreciada por su familia y su tribu.
Aunque los lakota tenían gran miedo a perder a sus niños, no tenían, por el contrario, ningún temor a morir de viejos.
Volver al «Wanagiyata», el Dominio de los Espíritus
Como era la Mujer Bisonte Blanco quien había aportado a los lakota los ritos que les permitían «vivir con todos sus parientes», parecía lógico que el último ser con el que tratarse antes de la muerte, fuera una mujer. Se creía que en la pubertad cada uno debía ser tatuado en el puño o en la frente con el fin de permitir al espíritu «pasar sin riesgo por la Ruta Fantasma». En alguna parte del recorrido, esta ruta formaba una ramificación, en cuya intersección, una anciana verificaba el tatuaje de cada espíritu de paso. Los que llevaban el tatuaje eran autorizados a continuar a los largo de la Ruta Fantasma hasta llegar a «Wanagiyata» (el Dominio de los Espíritus), parecido a la tierra , pero donde se podía encontrar a todos los parientes difuntos y a multitud de espíritus de bisontes y otros animales.
La vieja rechazaba a quienes no llevaban el tatuaje, rehusándoles para siempre el derecho de recorrer la ruta Fantasma y condenándoles a errar indefinidamente por la tierra bajo la forma de fantasmas sin ninguna vivienda permanente.



                                                                                                                                                            Fuente: ('Mujer Lakota las edades de una vida')